Yunah Park, una luthier coreana manteniendo viva la tradición española

Una de mis cosas favoritas de Madrid es lo hermosa que es para caminar. Me encanta aprovechar una tarde libre y salir andando, sin saber dónde voy a terminar. Algo que me llamó la atención en mis primeros días en la ciudad, en medio de mis habituales caminatas, es la cantidad de luthiers que vi desparramados por la ciudad. Tal vez mi amor por la música o mi admiración por los que tienen habilidad para las manualidades -cosa que a mí no se me da en absoluto- hizo que me fijara más en estos locales. Sin embargo, todos los luthiers que encontraba eran hombres, y empecé a preguntarme si había mujeres que hicieran este trabajo. Investigando un poco más el tema di con el trabajo de Yunah Park. Yunah, oriunda de Corea del Sur, vive en España hace 15 años y hace 8 que es luthier. Me dio mucha curiosidad saber su historia; ¿cómo es que una chica viaja los casi diez mil kilómetros que separan Seúl y Madrid y termina construyendo guitarras españolas?

En la intersección de las calles Divino Pastor y Monteleón, pleno barrio de Malasaña, hay un cartel donde se lee “Guitarra Ángel Benito Aguado”. Si tenemos la suerte de pasar y justo encontrar las persianas levantadas, podemos ver a Yunah adentro trabajando con silenciosa dedicación.

Su camino empezó con el canto, un sueño de pequeña que la llevó a aprender la guitarra eléctrica. En Corea escribía canciones, tenía su propio grupo de pop alternativo y también cantaba en un coro. Uno de sus profesores le aconsejó tomar clases de guitarra clásica para perfeccionarse, y fue allí que se encontró con un mundo completamente distinto al que estaba acostumbrada. Fascinada por la guitarra clásica, entró a la Universidad para estudiar música, y en su último año comenzó a prepararse para viajar a Estados Unidos. Fue en medio de este proceso que se enteró de una beca en Santiago de Compostela, a la que decidió aplicar y quedó. Quince años más tarde, Yunah sigue aquí en España.

“Yo no tenía ni idea de cómo era España. Nunca había venido, nada. Lo más lejos de Corea que había estado era en Japón. Luego estando aquí… la gente era tan buena, porque yo no hablaba casi nada de español. Y la comida era tan buena. Al final cambié la ruta y en vez de ir a Estados Unidos vine a España. Y cambió mi vida.”

Al graduarse de la universidad viajó a Alicante, donde vivió por 4 años. Fue en ese momento que nació su curiosidad por la luthería.

“Tenía ocasiones donde contactaba con luthiers y siempre les preguntaba: ¿me enseñarías a hacer una guitarra? Porque en realidad yo quería hacer una sola guitarra. Era mi sueño. Siempre me gustó hacer cosas, manualidades, se me daba bien. Y mi ilusión era tocar un recital con una guitarra que hubiera construido con mis manos, ese era mi sueño.”

Sin embargo, en la práctica ese sueño no le resultó tan fácil; ningún guitarrero quería enseñarle. La luthería, oficio tradicionalmente masculino y transmitido de generación en generación, no le era tan sencillo de acceder. En un momento de crisis, Yunah incluso pensó en dejar todo e irse a Alemania, pero finalmente decidió mudarse a Madrid, donde comenzó a trabajar como profesora de guitarra. Allí se puso en contacto con Ángel Benito Gutierrez, que se convirtió en su maestro.

“A Ángel le conozco desde hace muchos años porque el mejor guitarrista de Corea toca con sus guitarras. Así que, ya que estaba en Madrid, pasé a saludarle. Y él justo buscaba unos ayudantes, porque estaba a punto de jubilarse y quería dejarle su oficio a alguien. Empezamos tres; dos chicos y yo. Y así empezó todo. Hace 8 años.”

¿Y qué se siente ser mujer en un oficio predominantemente masculino?

Físicamente es duro. Es un oficio donde muchos venían de ser carpinteros, los carpinteros muy buenos o ebanistas tomaron este oficio e hicieron muchos instrumentos. Por eso creo que era menos común que lo hiciera una mujer.

La gente cuando prueba mis guitarras dice que suenan más sensibles. No sé si se hacen esas ideas porque soy mujer. Pero quizás cosas más pequeñas o los detalles los puedo hacer un poco más delicados, porque tengo mano más pequeña.

Pero al principio trabajar era físicamente muy muy duro. Y además yo no vengo de carpintería, soy música, así que no sabía cómo agarrar las herramientas. También como soy extranjera no sabía ni cómo se llamaban. Me acuerdo que los primeros días no hice nada, solamente miraba y Ángel enseñaba “esto se llama…”, y así. Enseñaba las herramientas y yo las dibujaba y les ponía los nombres para memorizarlos porque era imposible.

¿Qué es lo más importante para vos a la hora de hacer una guitarra?

Para mí lo primero es que suene bien. Pero también tiene que ser muy cómoda de tocar. Yo tuve una lesión muy grave cuando era guitarrista, porque los guitarristas profesionales suelen estudiar bastantes horas. Tocaba unas 4 a 6 horas diarias con una guitarra y la posición no es muy cómoda. Cualquier fuerza que haces mal, eso siempre lesiona el antebrazo o el músculo de las manos y tal. Por eso para mí es muy importante la forma del mango. Pero sí, el sonido es lo primero. Como yo pruebo siempre mis instrumentos intento ser muy muy objetiva.

¿Quién te gustaría que tuviera una guitarra tuya?

Hay muchos maestros. Mi favorito acaba de morir: Julian Bream. Era mi ídolo; me enamoré de su música y me hubiera gustado mucho que tuviera una de mis guitarras, o que por lo menos hubiera probado. También los chicos que estudian en el conservatorio. Porque están empezando su carrera y podrían tener una guitarra para tocar muchas horas.

¿Qué sientes que te aporta tu cultura en el trabajo? ¿Qué podrías decir de tu proceso creativo?

No sé decirte porque yo soy bastante temperamental para ser oriental. Soy bastante más española en ese sentido. Eso sí, cuando estoy haciendo un proceso importante, por ejemplo la tapa armónica… cuando estoy agitada o nerviosa, la tapa no la toco. Porque no quiero transmitir mi sensación a la madera. En esos momentos hago cosas más brutas.

También hay mucha gente que trabajando pone música clásica, pero a mí no me gusta. No sé si es porque oigo la música, porque yo he estudiado eso, pero yo estoy oyendo la música y no puedo trabajar, no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo. Trabajo en silencio absoluto. No me gusta trabajar con nada de sonido.

Todas las guitarras de Yunah son artesanales y por encargo. En cuanto al proceso, su producción lleva alrededor de un mes y medio, dos, y luego otro más de barnizado. Al final, cada guitarra le lleva de unos dos meses y medio a tres. Por año fabrica aproximadamente unas ocho o nueve.

“Que las guitarras sean hechas en serie o de fábrica no quiere decir que sean malas. Son muy buenas. Pero para mí es simplemente la dedicación de hacerlo de forma manual. Las otras no las hace solo una persona. En las guitarras artesanales, desde la elección de la madera y durante todo el proceso, estoy yo junto a esa guitarra. Es algo diferente. Y al final yo creo que eso también es lo que le da personalidad. Porque tú tocas la madera y ves… ah, aquí hay que quitar un poco más, aquí un poco menos, y así. Es como un intercambio de sensaciones con madera.”

Desde que empezó con la guitarra clásica, Yunah no ha vuelto a tocar la eléctrica, pero cuenta que le encantaría aprender a hacerlas algún día para construir una para ella misma. Aspira a comprar el taller en un futuro y poder quedarse trabajando en Madrid. Y también, de la misma forma que Ángel le dio una oportunidad a ella, encontrar a alguien para enseñarle el oficio:

“Esa honestidad y esa amabilidad… algún día yo también se la daré a alguien.”

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creative storyteller | madrid-based arts, culture & entertainment photojournalist + writer (EN — ES) / www.melguil.com

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